Alimentar a los Necesitados

Argentina es un país muy grande lleno de gente ansiosa por servir y compartir su amor y tiempo con aquellas personas que no tienen las mismas oportunidades. En esta oportunidad, este artículo brindará información sobre dos provincias distantes, Jujuy y Buenos Aires, donde los grupos de jóvenes siempre están listos para ayudar a sus hermanos a través de servicio desinteresado.

Este año comenzó con nuevas actividades de Seva en el norte de Argentina. En Jujuy, una pequeña provincia ubicada en la región más al norte de Argentina, una joven devota y su madre visitan un merendero sin financiamiento dos veces por semana para ayudar a servir tea, arroz con leche y algunos refrigerios – como pan tostado, bizcochos, galletitas, entre otros—a un grupo de alrededor de 30 niños asolados por la pobreza que viven en un asentamiento irregular en un barrio muy pobre y humilde a las fueras de la ciudad capital.

Ella también enseña inglés a un pequeño grupo de niñas de nueve años que asisten al merendero porque aman el inglés y quieren aprender el idioma. Es muy adorable observar otros niños curiosos que se reúnen alrededor del grupo para absorber el conocimiento que se transmite.

A pesar de que la gente que la gente que realiza este esfuerzo es tan pobre que ni siquiera tienen los medios para instalar un techo para que los niños puedan protegerse del inclemente clima, Dios les brinda todo lo que necesitan para alimentar estos niños de Dios, cinco días a la semana, durante la tarde.

Al mismo tiempo en Buenos Aires, los jóvenes continuaron sirviendo el desayuno a la gente que vive en las calles todos los domingos del mes de enero. Durante la semana, cada miembro del grupo reúne comida, frutas, té, café, jugo e incluso ropa y zapatillas para ofrecer un desayuno completo junto con ropa para la gente que no tiene recursos. Con el tiempo, el Seva se expandió y los jóvenes encontraron más personas ansiosas de ayudar en este proyecto. Esto quiere decir que hay diferentes maneras de ayudar en este proyecto y todos pueden ser parte en su propia forma. Hubo personas que donaron ropa, zapatillas, kits de limpieza; otras personas se ofrecieron a cocinar para que los jóvenes pudieran distribuir no solo el desayuno sino que también el almuerzo. Una mujer cocinó. Las típicas “empanadas” argentinas, una masa rellena de ingredientes salados cocinada al horno, y otra mujer cocinó arroz con vegetales.

Los jóvenes se reunían a las 9 de la mañana todos los domingos y luego de una pequeña armonización comenzaban a caminar por las calles del centro de la ciudad de Buenos Aires y servían un desayuno completo a aquellos que lo necesitaban. Sirvieron el desayuno alrededor de 30 personas todos los domingos, un total de 240 personas aproximadamente durante enero.